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Desnudando el crédito «revolving» desde el punto de vista matemático y legal

Fecha: 29 enero, 2024 Categorías: Créditos revolving | El mecanismo revolving | TAE variable | Transparencia matemática | Tribunal Supremo y el BDE


El crédito revolving tiene un coste (TAE) variable.  El mercado es una suerte de oligopolio repartido mayoritariamente entre una decena de entidades bancarias y también es opaco porque se desconoce el coste de cada operación, mientras no se analice la TAE a partir de las liquidaciones al completo.

Se puede demostrar que los costes están -en promedio- 10 puntos por encima de lo pactado (TEDR que publica el Banco de España).

La inaccesibilidad a esta información crucial para el prestatario abona el terreno a la falta de transparencia matemática. ¿Por qué las liquidaciones (cuando se consiguen) no contienen información alguna acerca del coste variable, máxime tras constatar que se vienen produciendo importantes variaciones y siempre al alza?

En este artículo, su autor, Jesús Blanco López, analiza, desde el punto de vista matemático y legal, cuál es  la TAE realmente aplicada, la opacidad del contrato y previsiones futuras.

En nuestro despacho estamos incorporando sus informes periciales a nuestras demandas. El informe da lugar, por ejemplo, a que una TAE del 21,99% de una tarjeta PASS de Carrefour supere el 37% al computar comisiones y seguro.

Variabilidad de la TAE del revolving. Ley 16/2011 y jurisprudencia del TS

Utilizando  un enfoque simplista, pero efectivo, el resumen jurisprudencial sobre lo que  es notablemente más caro o no, se escribe como TEDR (coste indicado en el contrato) > (BDE + 6,3)

Sin embargo, el Tribunal Supremo se centra en la TAE obviando SU NO COINCIDENCIA con dicho TEDR, con lo cual se están comparando datos equivocados entre sí, perjudicando indistintamente a actores y demandados.

El problema es que la jurisprudencia señala la necesidad de comparar entre el dato del contrato y las medias publicadas (BDE),  mientras que quien suscribe asegura que la TAE (característica y única de cada financiación) se ha de calcular a través de los extractos. Que el contrato solo indica el coste mínimo (y menos probable) que pueda alcanzar la financiación, al TIN aplicado en cada momento.

Es decir, tenemos un criterio comparativo imposible de aplicar porque NO existe el elemento fundamental de referencia,  siendo necesario (y obligatorio para desbloquear el oligopolio) que las entidades informaran de las TAE reales aplicadas al propio Banco de España, arrojando luz sobre todas esas sombras y aportando realidades.

Consúltense las Circulares 05/2012 y 03/2022 del BDE, el pie de imagen que acompaña al cuaderno 19.3 y sucesivos en los que se indica que la TAE engloba todos los gastos derivados del contrato. Comisiones, mantenimientos, seguros, penalizaciones por demora o exceso de límite… El tipo nominal se fija, también los costes individuales por el uso habitual (frenético y descontrolado, normalmente en los inicios). Sin embargo, la frecuencia de aparición de todos esos gastos será lo que marque la TAE realmente aplicada y tal frecuencia es, precisamente, única y característica de cada línea de crédito.

Soy consciente de que en los tribunales empieza a aclararse esta cruda realidad gracias a las periciales de cálculo de TAE real. Cabe destacar que el argumento principal de la parte demandada es aludir al artículo nº6 de la Ley 16/2011, alegando la posibilidad de excluir el coste de servicios opcionales y otros cargos del coste del contrato en un vano intento de imponer objeciones metodológicas frente a una ecuación de cálculo que es clarividente en su definición.

Nótese que solo pueden ser excluidos de una TAE los gastos relacionados que sean conocidos en el momento de la firma del contrato;(tal como sí ocurre en un préstamo personal). Esto es antitético al funcionamiento real del crédito revolving,  caracterizado por la probabilísima aparición de tales costes añadidos, implicando subidas severas de la Tasa Anual Equivalente real.

Por consistir en un mecanismo mediante el cual todo importe repercutible al prestatario se capitaliza automáticamente, lo cual hace indisolubles e indistinguibles  los cargos que van a formar parte del saldo deudor, y así pierden su condición de “gasto conocido en el momento de la firma del contrato”.

 Un saldo deudor que, a medida que se suceden las  cuotas mensuales, se convierte en un elemento baladí porque, -en multitud de ocasiones- aunque este resulte impagado, la última TAE calculada sería siempre positiva con independencia de la liquidación que se practique en última instancia.

El carácter desinformador en algunos contratos de crédito revolving

Elementos principales que conforman la información sobre el funcionamiento:

– El TIN inicial y el coste “TAE” mínima (o TEDR) con apariencia estática

– El resumen de costes ( por cargo individualizado o relacionados con el saldo deudor) fijados, en ese momento, sin mencionar los aumentos de TAE, según su frecuencia de aparición. La cuota mínima pactada.

Una cláusula meramente matemática sobre la (aparentemente complicada) ecuación del cálculo del interés (en euros) mensual, a partir del sueldo deudor, del propio TIN y el flujo de capitales particular del periodo liquidado.

Una estipulación modificativa de todas y cada una de las anteriores reglas, facultades y obligaciones de las partes.

Un vulgar «ejemplo representativo de uso», basado en una sola disposición, sin considerar siquiera las cuotas de emisión/mantenimiento ni comisiones por uso de cajero, en la TAE real del crédito (solo para dicho ejemplo).

Lo que se necesita para explicar al consumidor la naturaleza volátil del producto financiero que utiliza habitualmente es confeccionar una batería de ejemplos como el que sigue: fijar un volumen de compras de 8.240 euros, repartidas en 10 años, a un mism0 TIN=20% e ir modificando la frecuencia de aparición de los diferentes gastos asociados:

De la lectura del contrato uno no espera encontrar cuatro valores para el coste radicalmente diferentes, teniendo en cuenta que las compras son iguales (importe y fecha) en todo caso. Y también los intereses.

Complementando  todo lo anterior, también sabemos que cuanto menos se amortice al principio, mayor carga económica sufre el consumidor ;al final. En las fases a cuota mínima se engrosa la deuda y se generan nuevos intereses (rentabilidad), al tiempo que se desvanece la posibilidad de que el saldo deudor quede satisfecho (riesgo) paulatinamente.  

Fases del crédito

– La inmensa mayoría de los casos que he estudiado, a partir de 15 años de longevidad, informan de una TAE positiva (para el prestamista) incluso si la totalidad del saldo deudor quedase impagado.

– La media para el coste obtenido, del total de cálculos realizados, informan de una TAE real de entre 31% y 32%, difiriendo sobremanera del TEDR del contrato.

¿Cuándo llega el crédito a ser rentable en ausencia de pago del saldo deudor final? ¿Cómo  se vive la operación de crédito desde el punto de vista del prestamista?

Obsérvese cómo se dispersan las trayectorias según su TAE y según su ratio de amortización.

– La clave está en graficar adecuadamente, para cada número de cuota, la cantidad resultante de restar las compras totales y el saldo deudor al total de pagos realizados hasta la fecha. Un dato que bautizo como carga económica instantánea.

– El momento de superar el umbral de Carga económica instantánea > 0 ocurre antes, cuando existe un seguro de protección de pagos o cuando se capitalizan sistemáticamente ciertas comisiones por disposición. O cuando se amortiza más rápidamente.

La línea rosa representa una TAE = 103,80% con un ritmo de amortización muy alto, que también incluye gastos por seguros, comisiones y mantenimiento, de ahí que su forma sea la más plana. Al contrario, en amortización mínima y sin incluir el coste de todos los anteriores gastos TAE=21,92%, la curva marrón que se genera es la más inferior de todas, tiene la característica de ser la TAE más moderada y, paradójicamente, obedece a la mayor diferencia entre compras total y pagos totales. Es decir, la carga económica mayor.

En conclusión, tanto el volumen de otros pagos que se incorporen, como la ratio de amortización, afectan a la trayectoria seguida, implicando modificaciones de la TAE y de la cantidad total de pagos a realizar, por unas mismas compras.

Para mayor significación, repárese en el detalle de que, en la gráfica anterior a esta, se restringió el estudio a los primeros 10 años, mientras que  ahora se han añadido diez años más,  sin presencia de nuevas compras. Mención importante al hecho de la subida final que experimenta la curva marrón. Ese salto significa carga económica, la necesidad de un desembolso final muy importante y la aparición de incertidumbre (riesgo real de impago total o parcial). Ahí está el “juego”.

El  desarrollo normal  de la Fase final puede verse interrumpido por la aparición de nuevas subfases de endeudamiento pero, en esencia, seguirá una tendencia hacia la amortización y/o el vencimiento anticipado o, en su defecto, se atravesarán larguísimos periodos de pago recurrente y ausencia total de disposiciones. Se observa cómo, una vez que acontece el cambio de signo en la carga económica, el producto financiero se transforma en una apuesta segura del prestamista, a expensas de saber qué fracción del saldo deudor será recuperada (afectando a la TAE de la operación global).

Para cerrar la disquisición matemática, financiera y legal de este artículo, grafiquemos dos parejas de curvas de utilización, donde ahora las compras totales pasan de 8.420 euros a 12.580 euros (en 20 años) y donde combinamos: cuotas bajas – gastos elevados, cuotas bajas – gastos nulos, cuotas altas – gastos elevados y cuotas altas – gastos nulos. Es trivial identificar las diferentes respuestas (mayor o menor resistencia) al nuevo periodo de compras. ¡La fortaleza de la curva verde es formidable gracias a los altos costes relacionados que incorpora!.

La subida de TAE, que generan especialmente los seguros de protección de pagos y su capitalización, hace que el umbral de rentabilidad asegurada (TAE > 0 pese a impago) se alcance mucho antes. Por otro lado, los aumentos en la carga económica (y el riesgo) final son monumentales. El efecto rebote que experimentan la curva verde y la curva granate termina con un salto final (el último pago) que generará los desencuentros entre las partes.  

Como las tasas de gastos son libremente ajustadas por el banco, también la frecuencia de aplicación de ciertas comisiones o abonos promocionales,  etc. Es natural concluir que la manija está del lado del prestamista, quien asume riesgos y presiona a través de gastos relacionados, para guiar su operación hasta los mayores réditos posibles.

Conclusiones

El valor numérico del acuerdo de financiación, que figura bajo la denominación “TAE”, es el coste mínimo que puede tener el capital prestado, llamado Tipo Efectivo de Denominación Restringida. Se obtiene con carácter previo al inicio de las disposiciones bajo el supuesto de devengo exclusivo de intereses ordinarios, es decir, que restringe a la TAE.

Las financieras manejan la TAE del crédito al aumentar o reducir la presión extra que generan los gastos que no corresponden a intereses ordinarios. Una rebaja del TIN puede ser neutralizada por una concreta subida en los costes asociados y viceversa. Se han observado comisiones por disposición triplicadas, extractos que describen cuotas de mantenimiento como capital financiado o liquidaciones donde la cantidad mensual por prima de seguro es superior a la parte de intereses.

La frecuencia de cobro de gastos asociados al uso de la línea de crédito se plasma a través de la subida de la TAE, la cual se obtiene, directamente, a través de las liquidaciones. Es, por tanto, incomprensible que se diriman procedimientos judiciales sobre estos asuntos, en ausencia de todas las liquidaciones practicadas al tratarse de un crédito a coste variable y siendo un producto financiero complejo, según el BDE.

El Tribunal Supremo ha sido preguntado por deficiencias formales en cuanto información (omisiones u exclusiones) literal, pero nunca se recurrió a él para solicitar amparo legal gracias al hecho de calcular una TAE realmente aplicada mucho mayor de lo pactado. Ni tampoco ha sido cuestionada la legalidad de la operación financiera, a la luz de las características que vengo comentando, cuya comprensión es imposible si se inspecciona el clausulado en que se sustenta.

Las ciencias exactas y el ámbito legal conviven cuando se trata de dilucidar la anulabilidad o no de un acuerdo de financiación, el cual obedece a criterios matemáticos incomprensibles para el titular de la línea de crédito. Entender el crédito en lenguaje algebraico permite verificar la suficiencia informativa que rodea la contratación, suscripción y posterior desarrollo de la línea de crédito. Ni el coste es fijo, ni se plasman ejemplos significativos para la comprensión, ni se habla de ratios de amortización, ni el extracto mensual acompaña el valor de TAE correspondiente en esa fecha.

Personalmente, considero que al acuerdo de financiación le sobran falacias y rebosa entresijos matemáticos invisibles al ojo inexperto. Que la jurisprudencia del Tribunal Supremo actual nos sitúa frente a un problema formidable (obtener las liquidaciones y calcular la TAE), el cual requiere de la ayuda de profesional cualificado, tanto legal como automáticamente hablando lo que, en última instancia, eleva el coste de las reclamaciones y aleja a los recalcitrantes.

Nos encontramos ante los prolegómenos de un cambio paradigmático que afectará a la manera de plantear las demandas judiciales, la duplicidad de los procedimientos, el esfuerzo económico del cliente -esta vez, por una buena razón- contando con un perito, y la impartición de una rigurosa y demostrable cátedra matemático-legal cuyos frutos serán la justicia para ambas partes y el resarcimiento de aquellos usuarios que acrediten permanecer invidentes y subyugados por la desinformación y la complejidad matemática.



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